viernes, 19 de junio de 2015

La Degustación - Sentidos Involucrados: El Olfato

El olfato es el más importante de los sentidos que intervienen en la degustación de los alimentos; aproximadamente el 75% de todas las sensaciones que vulgarmente llamamos "gusto" son en realidad mezclas de sabor y aromas, (recordar como influye en la percepción del gusto el hecho de estar resfriados). 

Por otra parte el olfato es muchas veces más sensible que el gusto, y en particular el humano es capaz de distinguir hasta 10.000 aromas diferentes. 

Dado que un aroma no se puede describir, para referirnos a él debemos referenciarlo con algo de olor conocido y fácilmente identificable.

Así decimos que algo huele a rosas o a manzanas, etc. También el olfato, tiene un poder evocador muy grande; un olor a pasto recién cortado o a pan fresco, es suficiente para crearnos una sensación emocional intensa. Un olor que nos resulta familiar y agradable nos tranquiliza, mientras que un olor desagradable o desconocido nos pone tensos y alertas.

A efectos de poner un poco de orden en el vocabulario a emplear para designar a los aromas, los técnicos establecieron una clasificación en series, y dentro de estas series palabras que definen los aromas que aparecen en el vino.

Entre las series caben mencionar: Animal, Balsámico, De Madera, Especiado, Floral, Fruta y Vegetal.

La serie Animal corresponde a los olores almizclados, a carne, a cuero, etc.  los Balsámicos son los olores resinosos (alcanfor, mentol, etc.).
La serie de Maderas está referida a la evolución de los taninos del vino o bien a los transferidos por las barricas de roble. Los vinos hechos a partir de ciertas variedades nobles muy complejas, o los grandes vinos con añejamiento suelen presentar notas que incluimos entre las Especiadas. Los frutales, Florales y Vegetales no requieren explicaciones y se los encuentra casi exclusivamente en los vinos jóvenes.

El órgano sensorial se encuentra al fondo de las fosas nasales y recibe sólo una parte de las sustancias odorantes, por lo que ciertas consideraciones son importantes para favorecer la apreciación olfativa por parte del bebedor. 
También se perciben los aromas por VIA RETRONASAL que es la percepción de aromas mediante la comunicación interior boca-nariz.




Consideraciones a la hora de usar el olfato en la degustación:

La copa jamás deberá llenarse más allá de los dos tercios para dejar espacio a los vapores aromáticos desprendidos por el vino, y posteriormente permitir apreciar su fragancia. El efecto se verá favorecido mediante la agitación circular de la copa.

Un vino tinto debe beberse entre los 16 y los 18 grados; los blancos son más expresivos entre 8 y 10 grados y los rosados sobre los 12 grados, la importancia de respetar la temperatura de servicio radica en que  si servimos el vino más frío, la cantidad de aromas es menor, ya que las moléculas aromáticas no se volatilizan a baja temperatura. Y si ésta es excesivamente alta, el alcohol se evapora rápidamente y los efluvios etílicos agreden la boca y el olfato.

Quince minutos en la heladera hacen maravillas para revivir los vinos tintos que han sufrido el calor; los tintos ligeros y frutales, como los vinos del año, son deliciosos cuando se sirven fríos, entre los 12ºC y los 14ºC.  Un tinto a 24 grados necesita nueve minutos sumergido en agua y hielo para alcanzar los 17-18° de servicio. Y un blanco debe servirse frío manteniéndolo en un cubilete con agua y hielo.

Considérese que un vino viejo (más de cinco años en botella) revela mejor sus aromas si lo descorchamos de una a dos horas antes de consumirlo. Al abrir la botella los aromas están cerrados y pueden aparecer falsos aromas producidos por tantos años encerrado en la botella o, en el caso de los vinos jóvenes, debido a un embotellado precoz, pueden existir aromas secundarios originados por la fermentación.

Así los aromas a cuero o agua estancada que pueden presentarse en los vinos viejos desaparecen o quedan muy mitigados tras un tiempo de espera; el descorche temprano elimina cierta acidez dejando escapar acetato de etilo, un éster muy volátil que da a los sentidos una sensación de acidez. A veces, una ligera oxidación permite limar ligeramente los taninos responsables de cierto amargor y astringencia.

También es una buena práctica retirar el corcho del sacacorchos y oler la cara interior para detectar posibles alteraciones aromáticas.


"Oliendo" el vino:

En primer lugar se realiza una breve olfacción con la copa quieta, realizando una inspiración profunda de la atmósfera situada inmediatamente sobre el vino. Los olores percibidos serán leves pues se reciben las moléculas odorantes más difusibles. Es lo que se conoce como PRIMER GOLPE DE NARIZ. Si en ese primer momento aparece un aroma desagradable, es posible que estemos detectando un defecto del vino.

Luego se hace girar la copa, (SEGUNDO GOLPE DE NARIZ) para que el líquido aumente su contacto con el oxígeno e intensificar la evaporación, liberando muchas sustancias aromáticas que hasta entonces estaban “tapadas”. Esta operación puede repetirse las veces que sea necesaria, hasta tener en claro el perfil aromático del vino degustado.

Dentro de los aromas, están los primarios que provienen del aroma original del cepaje y se revelan más con recuerdos a flores y a frutas; son aromas ligeros que se volatilizan rápido. Las cepas tendrán aromas propios que cuando son distinguibles se les denominará como varietales y cuando estos sean neutrales se hablará de vinosos.

Si removemos la copa aparecen también los aromas secundarios relacionados con el producto de la fermentación (madera, bosque, hojarasca, levaduras) que son más densos y que están en el fondo de la copa.

El bouquet se corresponde con los terciarios, relacionados con la crianza (tostados, vainilla, avellana, café, tabaco) presentes en vinos viejos aparecen con el envejecimiento del vino en barricas de madera,  adquieren así aromas más evolucionados y de mayor complejidad. Los factores que influyen en el bouquet son varios, los más importantes son el tipo de barrica en el cual fue envejecido, los años de guarda, el proceso de vinificación, etc.

En ocasiones se utiliza la palabra Bouquet para referirse a la totalidad de los aromas del vino.

AROMAS
Primario:
Proviene de los racimos, tienen carácter afrutado.

Secundario:
Proviene de las fermentaciones. Carácter vinoso.
BOUQUET
(Aroma terciario)
De oxidación:
Tipos de vinos envejecidos en contacto con el aire. Se entiende el aire que pasa a traves de los poros de la barrica de madera de conservación.

De reducción:
Tipos de vinos envejecidos sin entrar en contacto con el aire (bouquet de maduración de los vinos conservados en barricas y bouquet de los vinos conservados en botellas).


Describiendo AROMATICAMENTE a un vino:

Ejemplos de descriptores mas utilizados:

Flores:                  Violetas, rosas, acacias.

Frutos secos:         Higo, ciruela, nuez, almendra tostada.

Frutos frescos:        Limón, frambuesa, grosella, fresa, cereza, manzana.

Hierbas:                 Heno, menta, tomillo, tabaco, pino.

Confitería:               Vainilla, anís, regaliz.

Especias:                 Pimienta, laurel, canela, trufa.

Olores animales:      Cuero, pieles.

Una de las principales características de un gran vino es su capacidad de mostrar complejidad en aromas, diversidad de familias de aromas, de forma superpuesta en el tiempo, evolucionando en la copa una vez descorchado.

Podemos describir algunas situaciones que pueden presentarse al servir un vino y que éste no despliegue su potencial aromático:

En el caso de un vino joven, pude deberse a que le "falta botella" y por tanto los aromas terciarios o bouquet, en este caso los de reducción, todavía no se han desarrollado plenamente.

En el caso de vinos ya con cierta crianza, puede deberse a que, después de haber estado cerrado en la botella, al vino le cuesta expresarse. Solución: si el vino no es muy viejo, la aireación en la copa, el tiempo, resolverá el tema. En algunos casos, cierta oxigenación puede ser aconsejable (usando un decantador).

Por último, el peor de los casos es cuando, independientemente de la edad, sencillamente el vino no tiene nada que decir, esto es síntoma de que el vino, evidentemente, no es un buen vino.


Decimos que el vino esta cerrado cuando nos refirimos a su nariz, al olfato, a sus aromas, que serán pocos en diversidad y cantidad.

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