viernes, 19 de junio de 2015

La Degustación - Consejos y Consideraciones

El material necesario para el ejercicio de la degustación no debe ser necesariamente complicado ni caro. La calificación organoléptica especializada exige condiciones ambientales definidas y constantes que incluso están normalizadas, pero la degustación por afición sólo necesita de un lugar (habitación, bodega, etc.) exento de ruidos y olores, de temperatura entre 18 y 22° C., con un nivel suficiente de iluminación (preferentemente natural), no excesivamente seco y bien aireado.

Para degustaciones normales, en las que el catador opera generalmente de pie, basta con una mesa fácil de limpiar, recubierta de un mantel blanco, unas copas apropiadas, y todo ello colocado en un lugar bien iluminado con luz de día o lámpara de halógeno (que reproduce aproximadamente la blancura del espectro solar), no siendo aconsejable la iluminación de lámparas de filamento y fluorescentes por su efecto de enmascaramiento de los colores.

La copa empleada en la cata tiene gran incidencia en la calidad y cantidad de las sensaciones recibidas, pues su forma y dimensiones influye, modificando la relación o superficie y volumen con el vino, sobre la concentración de los compuestos olorosos en la parte vacía.


El corcho y el descorche

El tapón de corcho tiene la finalidad de establecer una barrera hermética entre el ambiente y el contenido de la botella. 
El corcho es una materia vegetal, de hecho la corteza del alcornoque, y por ende es de porosidad y elasticidad variable. Los distintos grados de porosidad y elasticidad determinan la calidad y precio de la materia prima. 

El bodeguero determina, en función de la calidad del vino y del tiempo que espera que permanezca en la botella, la calidad y el largo del tapón que utilizará. Existen tapones de corcho "natural" y de cocho aglomerado. 

Los naturales son cortados con sacabocados directamente de las plantas de corcho, mientras que los aglomerados son obtenidos moldeando serrín de corcho impregnado con pegamento adecuados. Los aglomerados son más baratos y de inferior calidad. Se los utiliza sólo en los casos en que el vino permanecerá poco tiempo en la botella, y cuando el valor del vino no justifica un tapón de mejor calidad. Es de esperar por lo tanto, que un vino de guarda tenga un tapón más largo, de 45 milímetros o más. 

Para realizar un buen descorche se debe considerar: 

a) Cortar y retirar la parte superior de la cápsula protectora unos 2 cm por debajo del borde superior o se desprende entero. 
b) Se limpia el borde de la botella y el corcho con un pano limpio. 
c) Introducir el vástago del sacacorchos en el centro del tapón y cuidar de no atravesarlo. Si el vástago aparece del otro lado, seguramente hará caer migas de corcho que luego aparecerán en la copa., y se extrae el corcho con suavidad sin girar nunca la botella sino el sacacorchos, volviendo a limpiar el gollete con un pano limpio.
d) Extraer el corcho lentamente y si es muy largo hacerlo en dos etapas (siempre sin ruido). 
e) Observar y oler o dar inspeccionar el tapón. Ya sea por contaminaciones biológicas en la materia prima o por problemas del estacionamiento de las botellas, los tapones en algunos casos desarrollan olores desagradables que pueden aparecer también en el vino. Es el conocido "acorchado". Una buena inspección ocular y olfativa del tapón nos anticipará este problema.

A quienes estan familiarizados con el vino les basta oler el corcho para juzgar el estado de conservacion de la botella, detectando en seguida la eventual presencia de mohos o principio de avinagramiento. Una vez que el catador ha probado y aprobado la primera copa, se sirve a las damas y, finalmente, al dueno de casa.


Muy importante: El ventilado o destape anticipado de los vinos

Es frecuente escuchar que los vinos, y muy especialmente los tintos deben ser destapados con cierta anticipación para que ventilen, un elemento importante es entonces el decantador que nos permite quedarnos con lo mejor del vino, acelerando la desaparición de los aromas a cerrado nacidos en la botella y, en el caso de vinos viejos, permitiendo separar la materia colorante que ha precipitado en la botella.

El vino es una materia en permanente evolución, las reacciones químicas que se producen en su seno generan substancias aromáticas, alguna de ellas agradables y otras desagradables, dependiendo en general del tipo de contenedores en los que se lo deposita, ya que pueden ser inertes (de acero inoxidable u hormigón revestido) o activos (de madera) que permiten un cierto grado de ventilación y la disipación de los malos aromas.

El destape anticipado sólo servirá en los casos en que la contaminación aromática sea muy leve. 

La pequeña superficie del vino en el cuello de la botella representa un área de intercambio demasiado pequeña para permitir que los gases disueltos escapen en un tiempo razonable por lo que a veces es preciso transferir el vino de la botella  una hora  o algo más, antes del servicio.  De todos modos un vino tinto en buen estado de conservación, que  haya tenido un tiempo de botella inferior a los tres años, no debería presentar rastros de reducido y por lo tanto no requiere ventilación alguna.


Para degustar bien es necesario estar descansado, dispuesto y con la mente despejada, todo problema orgánico o psíquico puede afectar tanto a los umbrales de percepción sensorial como a la capacidad de concentración indispensable para la cata.

Se observa igualmente una disminución progresiva de la sensibilidad del gusto con la edad, también son factores negativos el exceso de tabaco (es necesario no fumar en la hora anterior a la degustación) y el abuso del alcohol.

A falta de compañeros, es mejor evidentemente degustar sólo que no hacerlo, en este caso es conveniente anotar detalladamente las sensaciones sugeridas por cada muestra y compararlas con la que evoque la misma muestra degustada algún tiempo después.

El orden de presentación de los vinos debe ser tal que se siga un orden creciente en las sensaciones, de forma que se aprecie una escala progresiva con relación a la persistencia aromática, la riqueza en azúcar, el grado alcohólico y la añada.

En general se degustarán primero los vinos blancos, después los rosados y por último los tintos, todos ellos secos, dejando para último lugar los vinos dulces y empezando siempre por los más jóvenes.

Cuando debamos acompañar la degustación de un vino con comidas debemos considerar que cada plato reclama un vino determinado y viceversa. Tintos con cuerpo necesitan platos vigorosos; los platos delicados, en cambio, precisan vinos más ligeros, sin importar que éstos sean jóvenes o viejos.
Ya que ni el plato ni el vino deben enmascarar a su acompañante.

Los tintos con cuerpo son los de gran constitución tánica y grado originada en largos períodos de convivencia con los hollejos (por ejemplo los buenos cabernets, malbecs, merlots, etc). Los tintos ligeros son los que se han elaborado con una corta maceración con los hollejos.


Reglas prácticas para la prueba y cata de vinos. 

1.        Estar descansado y tranquilo.
2.       Abstenerse de fumar dos horas antes de la degustación.
3.       Prescindir de colonias, perfumes o dentífricos, de aromas y sabores permanentes.
4.       Las horas más idóneas para la cata son las de media mañana hasta la comida y las de media tarde hasta  la cena, aunque es aconsejable hacerlo por la mañana con luz natural.
5.      Es conveniente efectuar las degustaciones con luz del día, la luz artificial tiene que evitarse, y si no hay  otro recurso, que sea blanca (alógena - fluorescente), neón no.
6.     Las condiciones del local deben ser, en lo posible, óptimas. Es decir: soleado, con amplios ventanales,  sin olores extraños, ni ruidos, ni frío ni caluroso, bien aireado y con una temperatura entre 18º y 22º C.
7.    El vino debe haber permanecido, como mínimo, dos o tres días en reposo, evitando agitarlo por un  traslado de última hora.
8.      Se girará siempre el sacacorchos, nunca la botella, en el momento de abrirse, y la cápsula (capucha),    debe cortarse por debajo del cuello y no por el borde superior.

Es evidente que todas y cada una de éstas condiciones serán muy difíciles de cumplir pero la idea es  cumplir la mayor cantidad posible, para una óptima apreciación de las cualidades de un vino y para que la valoración final sea lo más acertada posible.

Primero se observa el vino a la altura de la cintura, para descubrir la pátina. Luego se lo lleva hacia la luz, para verle el alma y el color oculto. Ante todo debemos apreciar el color, con una buena luz. Si el escurrimiento es lento, se está frente a un vino bien estructurado y con buen alcohol. En cambio, si es rápido, es un vino liviano, joven o muy viejo. Si la formación de lágrimas no cesa, se trata de un vino de guarda.

Hay que llevar la copa hacia la nariz, inspirar profundamente y dejar que los aromas inunden los sentidos. La inspiración debe ser profunda, sin reservas, hundiendo la nariz en la boca de la copa. Recordar los tres tipos de aromas. Los primarios provienen de la uva y otros toques frutados. Los secundarios parten del proceso de fermentación, los terciarios son una misteriosa conjunción entre los primeros y el tiempo de crianza. En el bouquet influye el tipo de vasija.

Saborear el vino, sentir cómo es en la boca, con se redondea la experiencia de una cata. Los sabores dulces se sienten en la punta de la lengua, los ácidos en los bordes y los amargos en el final o el retropaladar. Es importante mantener unos segundos el sorbo en la boca, para empapar todas las papilas. Un buen vino envuelve toda la boca en forma armónica y persistente, sin agresiones (aspereza, acidez excesiva, sabor amargo, etc.).



¿Cómo se registran las sensaciones táctiles?

Obviamente hay que comenzar por poner un sorbo de vino en la boca. Una cantidad suficiente como para llenar la boca de manera parcial, pero no tan grande que provoque deseos irrefrenables de tragar, cantidades muy pequeñas serán rápidamente diluidas por la saliva. 
Mediante movimiento de la lengua y los carrillos se trata de lograr que el vino recorra todos los espacios de la boca. 
Las sensaciones de frío o frescura pueden ser aparentes o verdaderas. Las aparentes resultan de la sensación de frescura que producen algunos compuestos tales como los ácidos, mientras que las verdaderas son producidas por la temperatura del vino. La calidez es el resultado de la temperatura elevada o de la presencia excesiva de alcohol. El alcohol produce una sensación ardiente cuando su concentración se eleva. De allí el nombre de aguardiente con que se distingue a las bebidas de alta graduación.

Concluiremos diciendo que el vino es para ser bebido. La erudición o acumulación de conocimientos teóricos no servirá de nada si no los aplicamos a entender y disfrutar más de esta incomparable bebida a través de la experiencia atenta y cuidadosa. Por ello, entrenemos nuestros sentidos y démosle oportunidad de apreciar y cumplir la función de elegir aquello que nos gusta de verdad, no lo que otros nos dicen que es bueno. El mejor vino es aquel que nos gusta, es verdad, pero existen muchos vinos que no hemos probado y que tal vez superen a los conocidos. La única manera de descubrirlos es probarlos.


Nunca se debe beber en soledad. Un buen vino es para compartir: con amigos, con la mujer amada, con la familia. Y para acompañar con las comidas. También es importantísimo saber decir basta. Aprender a tomar y apreciar los sabores. Al vino hay que dejarlo jugar en la boca... Que nos diga si tiene aromas, si es áspero, astringente... no hay cosa más bella que develar los aromas y los gustos de los vinos. Aprender a descubrirlos usando todos nuestros sentidos.

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