El vino no es
mas que jugo de uvas maduras, naturalmente fermentado, pero hay muchas
variedades de uva y cada una con sus propias características, y a partir de
algunas de ellas se elaboran los principales estilos clásicos de vino, si bien
al ser transportadas a otras tierras y otros climas, o cuando son sometidas a
diferentes técnicas de elaboración, pueden dar como resultado vinos muy
diferentes.
El vino se
compone principalmente de agua (85%) y de otros elementos como los azucares,
polifenoles, fenoles, proteínas o vitaminas. El principal factor calórico de un
vino, aunque no el único, es su graduación alcohólica.
Dejemos aquí apuntada nuestra idea, compartida por muchos, que el gran vino se hace en la viña. Si de la viña no viene un gran vino, en la bodega nada se podrá hacer. Se dice que se puede hacer mal vino de buenas uvas, pero que es imposible hacer un buen vino con uvas malas.
Cuando se planta
una viña, esta tarda, como generalización, unos tres años en madurar y comenzar
a dar frutos y de dos a cuatro más hasta que comience a dar rendimientos
correctos. En condiciones adecuadas una viña puede vivir mas de cien años y, en
general, a partir de los 40 o 50 años, los rendimientos comienzan a decrecer.
Al decrecer el
rendimiento, si la viña esta en condiciones, la uva que brinde tendrá una mayor
concentración y, en principio será mas adecuada para elaborar un vino de buenas
características.
Desde luego esto
es un concepto general y no es dato exclusivo para obtener vinos de calidad,
dependerá de la seriedad de la bodega y de múltiples factores de elaboración.
Por ejemplo uno
de los ejercicios que el enólogo aplicará a sus vides es el “stress
hídrico" y su mejor aliado será la capacidad de drenaje del terreno. El
porqué de esta técnica es lograr que la viña no se relaje y engorde,
dedicándose a brotar grandes hojas verdes que quitarán fuerza y, más importante
aún, sol a la uva para madurar, y a engordar los granos, que se convertirán en
poco concentrados y acuosos.
El stress
hídrico ayudará por tanto a mantener la viña en tensión y enfocada en la baya,
y para ello, nada como un buen terreno en pendiente (además de orientación) y
drenaje adecuado.
Como se
desperende de esto existe una ecuación que forman variables únicas y
distintivas de un viñedo como son, el suelo, sus minerales, su capacidad de
drenaje, su altura, su pendiente, su orientación y su clima, por nombrar las
mas importantes.
Existen sólo dos colores de vino: tinto (rojo) y
blanco; los vinos rosados se consideran también rojos. Si bien el jugo de las
uvas, aún el de las más rojas, es claro, es el
contacto con la cáscara que le da tinte al vino, ya que ésta contiene
tanino que le da color. Los vinos rojos
son generalmente secos, los rosados pueden ser muy secos, pero en la
mayoría de los casos son dulces.
El color del
vino blanco puede ir desde el tono más pálido de amarillo verdoso hasta un tono
oscuro, pues se fermenta sin que el jugo entre en contacto con las cáscaras y
las semillas. Los blancos pueden ser extra secos, secos o dulces.
Al aplastar la
uva se forma el mosto, una
combinación de cáscaras, semillas, pulpa y jugo, que se coloca en un tanque
para su fermentación.
La fermentación:
El primer paso para obtener vino
consiste en la fermentación que es una reacción química natural, en la que el
azúcar de las uvas se transforma en alcohol y dióxido de carbono gracias a la
acción de una levadura. El azúcar se encuentra en la pulpa y la levadura en la
parte exterior de la cáscara, por lo tanto para que comience el proceso de
fermentación, la uva debe ser aplastada.
La fermentación
de un vino puede dividirse en dos tipos, la alcohólica y la maloláctica. La
primera convierte el azúcar en alcohol y la segunda transforma el carácter de
los ácidos del vino.
Las levaduras
presentes en el mosto "fermentan" y transforman los azucares
(fructosa y glucosa) en alcohol, liberando dióxido de carbono y calor. En esta
etapa, los taninos, es decir los pigmentos naturales que se encuentran en el
hollejo de la uva (la parte sólida), al fermentar y al contacto con el mosto
(la parte liquida) tiñen el mismo.
Durante esta
fermentación es fundamental el control de la temperatura y de la densidad del
mosto. La temperatura (entre 25 y 30 grados) favorece los fenómenos de
maceración para la extracción de los taninos y el color. Una temperatura
excesiva puede ser negativa, ya que las levaduras mueren y dejan el azúcar sin
fermentar.
El objetivo de
la fermentación maloláctica es la suavización del equilibrio estrella de un
vino, el de la "acidez-taninos". El ácido málico de la uva, el mismo
que es responsable del sabor verde y ácido de las manzanas verdes, se
transforma en ácido láctico, confiriendo mayor suavidad, redondez y estabilidad
al vino. Esta fermentación transforma la
juventud afrutada del vino introduciendo otros aromas mas complejos.
Las distintas
fermentaciones de un vino contribuyen pues, a la transformación, desaparición o
aparición de los distintos ácidos.
Ya que
mencionamos la acidez, hay dos conceptos básicos relacionados: la acidez total
y el equilibrio del ácido con otras sustancias.
La "acidez
total" se refiere especialmente a las características gustativas del vino,
influye directa y positivamente en la conservación del mismo, inhibiendo el
desarrollo de microorganismos, y es gran responsable de la "forma ",
ya que de la acidez depende en parte la mayor o menor redondez de un vino
(mucha acidez = arista y puntas, poca acidez = plano), y el mayor o menor peso
de los tonos rojos del mismo.
Realizada la
fermentación en los tanques, el compuesto de hollejos y semillas, llamada orujo, decanta en el fondo, quedando en
la parte superior del tanque el vino limpio.
Este último es
retirado para ser clarificado y añejado en barricas.
Crianza:
El proceso de añejamiento mencionado, recibe el nombre de crianza, la madera utilizada en la
construcción de las barricas contribuye con sus sabores y olores propios al
añejamiento del vino.
La crianza,
provoca una evolución en los vinos, modificando color, aroma y sabor. La acción
del oxígeno, que es filtrado a través de las duelas de roble, influye en el
color de los vinos, proporcionándoles una mayor limpidez y finura como
consecuencia de la oxidación de los taninos y materia colorante del vino.
Con la crianza
en barrica, los vinos pasan de colores morados, a los matices ladrillo o teja
de los vinos más viejos. La acción del oxígeno también influye en el aroma. De
los aromas frutales, característicos de los vinos jóvenes, se pasa al clásico
bouquet producido por la crianza.
Por último, la
crianza también influye en el gusto, convirtiendo las sensaciones de dureza,
astringencia y ligero amargor en sensaciones más gratas, de suavidad,
elegancia, equilibrio y redondez.
Los dos tipos
más habituales de roble empleados en la tonelería son el francés, normalmente
mas caro y el americano, más rico en aromas de vainilla y coco y para muchos
menos fino, más "evidente" que el francés.
El tipo de
"tostado" de la barrica tambien es un dato que aporta sabores
especiales. Cuando a la barrica ya se le ha dado forma, calentando con un
brasero el interior de las duelas (las piezas de roble que forman la barrica),
se decide el nivel de "tostado" que se desea.
Este grado de tostado
se puede leer en el exterior de la propia barrica L (ligero), M (medio) y F
(fuerte), con niveles intermedios marcados por signo + o - (F-, M+, ...).
El impacto del
tostado en los aromas del vino es grande. Es el responsable en gran medida de
los torrefactos, vainilla, especiados, ahumados, coco, caramelo o coco, entre
otros.
Fundamental es
también la antigüedad y usos de la barrica o tonel, ya que un año en barrica
nueva puede equivaler a varios años en una barrica de tres o cuatro años (por
no hablar de las de veinte años, que las hay que parecen de cristal por
dentro).
Una vez añejado
en barricas, el vino se guarda en botellas comenzando así una nueva etapa de
maduración. La falta de oxígeno y el paso del tiempo determinan un cambio en el
color y el sabor del vino, para mejorarlo (reacciones de reducción).
La guarda:
Uno de los
secretos del vino de revelación más deseada, es sin duda el que envuelve el
proceso de añejamiento en botella sin contacto con el oxígeno.
Para entender el
por qué de la guarda o añejamiento es necesario descubrir las diferencias entre
un vino joven y un vino que ha sabido vivir en el tiempo. El primero nos seduce
por ser franco, espontáneo, fuerte, impetuoso e incluso agresivo en algunos
aspectos. Muy atractivo, pero poco profundo.
En el segundo en
cambio, el tiempo hizo su trabajo y nos encontraremos con un vino en el que
todas sus cualidades estarán equilibradas en perfecta armonía. La frescura, la
franqueza y la agresividad, fueron lentamente domadas por el paso del tiempo,
dando lugar a un aspecto nuevo y distinto, pero que igualmente seduce: la
complejidad.
Complejidad y
armonía son entonces las palabras claves cuando se trata de establecer la
diferencia entre vinos jóvenes y añejos.
Un tinto joven,
la mayoría de los que hoy se encuentran en el mercado, presenta un fuerte color
rojo violáceo, intensos aromas frutados , con algún seductor toque de vainilla
si el vino tuvo paso por roble. Un lenguaje directo, sencillo y muy atractivo.
En boca se mostrará frutado, potente, corpulento y seguramente algo astringente
(sensación de aspereza en la boca) y amargo, como consecuencia de taninos
todavía inmaduros.
Si ese mismo
vino, es guardado debidamente en botella por algunos años, el color se habrá
transformado en un rojo vivo, menos brillante, con tonos ocre o teja; los
aromas primarios (aromas frutados característicos del varietal) y secundarios
(aromas provenientes del proceso de fermentación) habrán disminuido su
intensidad, dando lugar a la aparición de complejos aromas terciarios, más
conocidos como bouquet.
El bouquet, a
diferencia de los frescos y frutados aromas de un vino joven, presenta notas
más sutiles y cálidas, como tabaco, cuero, chocolate, trufas u hongos de
bosque.
En boca el vino
se presentará más "redondo", provocando una sensación en el paladar
descripta como aterciopelado, consecuencia de taninos dulces, suavizados por el
tiempo. Deberá brindar un largo final, dejando un agradable recuerdo.




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