Hay sí, dos etapas clave en la evolución y maduración que definen la famosa curva de la vida de un vino.
La primera es la etapa en la que los taninos y la frutosidad se entrelazan totalmente para ofrecer el máximo potencial de aromas y complejidad del vino, la famosa redondez y suavidad de la geometría del vino, no hay aristas, todo esta integrado como una gran orquesta. El vino es maduro, complejo y sutil.
La segunda es la meseta, la etapa mas o menos larga durante la que la orquesta será capaz de aguantar tocando de forma armónica y la geometría será nítida. El final de esta etapa es el inicio de la desaparición de las cualidades del vino.
Dicho esto, la definición de cuando llega el cenit de la primera etapa, de forma absoluta, es muy difícil.
Aunque existe un camino "típico" en la evolución del vino, de taninos duros a taninos suaves o de fruta fresca a especias, la rapidez, la tasa a la que esto ocurre puede variar de botella a botella y, desde luego, varia enormemente dependiendo de las condiciones de temperatura y humedad de conservación.
La inmensa mayoría de los vinos que se ponen en el mercado hoy, son vinos que pueden perfectamente consumirse en el momento, son placenteros y ofrecen, de entrada, casi todo su potencial, son vinos que se ponen en el mercado con la primera etapa, la de mejora, ya completada en la propia bodega.
Sólo un número reducido de estos vinos, los mejores, tendrán una segunda etapa larga, aguantarán sus cualidades cinco, diez o quince años y en todo caso con mejoras mínimas o casi nulas.
Existe sin embargo un grupo que está compuesto por los vinos llamados realmente a mejorar con el tiempo en botella, con el alcance de la madurez, a ser más interesantes y sutiles. Son vinos puestos en el mercado con una gran parte de la primera etapa todavía por delante y esta capacidad les denota como grandes vinos.
Por tanto, podemos decir que un vino que ha mejorado, madurado en botella, es aquel que, respecto a cuando salió al mercado, se ha suavizado y expandido en textura, es más placentero y en definitiva es más llamativo por la sutilidad, amplitud y diversidad de sus aromas y sabores. Esto es lo que podríamos llamar el milagro en la botella.
Hay una creencia generalizada de que cualquier vino tinto mejora con el tiempo en botella. Nuestra opinión es que no es así y que son pocos los llamados y elegidos a mejorar con el tiempo en botella.
Cada uno se podrá colocar en puntos de la curva de la vida del vino distintos, dependiendo de si gustan más, por ejemplo, vinos más jóvenes y vigorosos o vinos más complejos. En este sentido la experiencia y gustos de cada uno son los únicos que pueden contestar a esta pregunta.
Aunque existe un camino "típico" en la evolución del vino, de taninos duros a taninos suaves o de fruta fresca a especias, la rapidez, la tasa a la que esto ocurre puede variar de botella a botella y, desde luego, varia enormemente dependiendo de las condiciones de temperatura de conservación.
El momento ideal de consumo de un vino no depende del vino, si no de la persona que lo vaya a beber.

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