Desde un punto
de vista visual, pensemos en estas formas y su superficie (aterciopelada, lija
astringente) pasando por la boca y enseguida captaremos la idea.
Un vino es redondo, es conjuntado y equilibrado, cuando la evolución
le ha permitido crear armonía entre sus múltiples factores, la acidez, el
alcohol y su potencia, los aromas y los taninos.
Cuando se habla
de aristas, por el contrario, significa que alguno de estos factores sobresale
de forma contundente respecto a los demás. Ello implica que alguna de las
características del vino no ha sido todavía integrada con armonía en el
conjunto, como por ejemplo ocurre frecuentemente con la acidez y los taninos en
los vinos jóvenes.
Los taninos, son
sustancias químicas naturales cuyo compuesto, conocido como
"polifenol", incluye los pigmentos responsables del color o
"antocianos.
Su presencia en
la boca es fácilmente reconocible, ya que se presentan de forma agresiva,
ofreciendo una sensación secante y vegetal, que aparece en las encías y el
paladar. (No hay que confundir los taninos con la acidez, que le aporta
frescura al vino y nos hace salivar).
El paso del
tiempo madura los taninos y el vino se va haciendo más maduro, amable,
agradable y redondo. Expresiones como taninos amables o maduros, taninos
elegantes o taninos nobles son algunos de los aspectos más positivos de los
vinos.
Distintos
taninos tienen distintos tamaños moleculares y con el paso del tiempo y gracias
a pequeñas cantidades de oxigeno, se juntan con otros taninos en un proceso
llamado "polimerización". Cuando estas moléculas, con el paso del
tiempo, alcanzan cierto tamaño "precipitan" y se convierten en
sedimento: el vino ha madurado, se ha suavizado.
Ahora, la
crianza de un vino en botella, hasta su punto óptimo de madurez, en la bodega
productora, representa un costo alto de stock inmovilizado, que no todas la
empresas pueden afrontar. Por lo tanto, existen en el mercado argentino,
infinidad de vinos que se comercializan aún muy jóvenes (cosecha 3, 2 y hasta 1
año anterior al año en curso) y aunque son productos de muy buena calidad,
mejorarían en mucho con algún tiempo más de crianza. Pero las bodegas necesitan
venderlos para mover su capital.
El comprador
inteligente, adquirirá botellas de vino joven, a un precio accesible, será
paciente, guardándolas el tiempo necesario, y finalmente disfrutará de un vino
de mucho mayor valor al original.

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