viernes, 19 de junio de 2015

Decálogo del Vino Degustado de Manera Inteligente (de Miguel Brascó)

Por el maestro Miguel Brascó:

Disfrutar del vino no es un arte exclusivo para eruditos ni dotados sensoriales. A continuación encontrará 10 reglas básicas muy útiles, que debe conocer. Nada más y nada menos. Lea atentamente y póngalas en prácticas.

1 Préstele atención, compañero.

Pare de conversar, no se distraiga con lo que ocurre a su alrededor, olvídese de Freddy Storani y concéntrese en la copa que tiene delante suyo. Con su lenguaje de colores, aromas y sabores el vino trata de comunicarse con usted. Si le presta la razonable atención no le costará demasiado descifrarlo.

2 El color se mira de arriba para abajo

No explore el color mirando el vino a contraluz. Incline la copa sobre el mantel blanco y obsérvelo desde arriba. El vino toma la forma de una lengua. El color se aprecia mejor en su punta más delgada. Sus tonos van del morado muy oscuro de los grandes Syrah hasta el dorado esmeraldino de los Chardonnay.

3 La mitad del disfrute son los aromas

Gire el vino en la copa para que suelte sus volátiles efluvios aromáticos. Luego respírelos con olfateos cortos, no aspiraciones profundas. Mucho trabajo se tomó el enólogo para enfatizarle los aromas de la fruta, la madera, los hálitos de sus fermentaciones. Tomar un vino sin respirarlo antes es un desperdicio.

4 El vino es placer no acertijo de aromas

El vino huele a vino, a sea a las uvas que le dieron origen, los hálitos de la fermentación, la madera donde maduró y las sabidurías aromáticas de la edad si fue añejado. Disfrute lo más profundo esas fragancias por las fragancias mismas, sin llevarle el apunte a los snobs que tratan de explicarle olor a qué otras cosas tiene el vino.

5 Haga un buen buche sin mirar a quien

No se trague el vino derecho viejo cual gauderio sediento tras larga galopada. Ponga un sorbo en su boca y haga un buen buche para que sus sabores procuren intimidad con las papilas gustativas con que nos dotó el buen Dios. Si señora chic desde mesa vecina le echa mirada crítica por el buche, diga "escusemúa madam"...... y no dé bola.

6 Esquive juegos adivinatorios

No pierda tiempo tratando de acertar vino de qué cepa, zona, año o marca está tomando. Toda esa información está clarita en la etiqueta de la botella, léala ahí  y a otra cosa. El vino no es un juego para seudo connaisseurs sino un elemento fundamental para disfrutar más intensamente el placer gourmet de la comida.

7 Temperatura ni muy muy ni tan tan

Servir el vino blanco casi helado le destruye el aroma y achata su paladar. Resístase a esa manía y tome sus blancos apenas refrescados. Esquive también el snobismo afrancesado de amainar con hielo la enjudia alcohólica de nuestros tintos. El alcohol no es un defecto sino mérito virtuoso de soles impetuosos y cielos cristalinos.

8 Combine bien los vinos y los platos

Para esto no hay tablas ni sugerencias periodísticas o pautas de contraetiquetas que sirva para un pomo. Deje actuar la propia intuición y sus absolutos gustos personales. Un vino se combina con cualquier plato que su paladar lo reconozca como armónico. ¿ A usted le gusta tinto con pescado? Entonces tome tinto con pescado.

9 Sirva tabla de quesos antes del postre

El mejor vino se toma siempre con el plato principal, en general el último. Entre ese plato y el postre es bueno tener quesos que permitan terminar el vino todavía restante en copas o botellas. Porque los sabores dulces del postre serán probablemente incompatibles con ese vino y seria triste desperdiciarlo.

10 Tome buen vino, no marcas última moda

Haga en su casa, cada tanto degustaciones a ciegas donde pruebe cuatro o cinco vinos sin saber cuál de ellos es qué marca. Vaya conformando así una nómina de predilectos. Los suyos, no son los impuestos por la moda o inducidos por la publicidad o las recomendaciones genuinas o tal vez no tanto, de tanto pseudo gurú que anda por ahí.


La Degustación - Ficha de degustación

Una vez detectados y analizados todos los componentes de un vino, y las sensaciones que nos ha producido, debemos hacer una valoración del mismo que vaya más allá del simple conocimiento de los componentes.
Es importante no dejarnos influenciar por la marca comercial, etiqueta, añada, o fama ganada por comentarios de expertos. Nuestra valoración ha de ser precisa y absolutamente personal. Es allí donde descubriremos cuales son nuestros gustos y preferencias.

En los grandes vinos la calidad va ligada a la obtención de una armonía, de un equilibrio entre las características aportadas por cada uno de sus componentes, gustos dulces-agradables, sabores ácidos-amargos, potencia alcohólica-acidez de los aromas, cuerpo y finura, suavidad y nervio, etc. Cada tipo de vino tiene su propio equilibrio y que le define la calidad.

Comprobemos sus colores, estados de limpidez y lágrima.

A "copa parada" interpretemos su aroma y que nos manifiesta. Encasillémoslos en lo que hemos estudiado. Agitemos la copa y volvamos a recrear la fase olfativa, veremos cuantas diferencias aparecen.

Cuando llevemos los vinos a la boca busquemos en nuestra mente todo aquello que nos es familiar y asociativo con el vino que estamos probando. No olvidar en ésta fase lo visto sobre los gustos, dulce, salado, ácido y amargo. Encasillemos los aromas de boca, "sabores", dentro de los conceptos primario, secundario, terciario; que al igual que en la fase olfativa, nos darán mucha información.


Organo
Sentido y sensaciones
Características percibidas

Ojos
Visión
Sensaciones visuales
Color, limpieza, fluidez, intensidad,
efervescéncia, transparéncia
ASPECTO
Nariz
Olfato
Sensaciones olfativas
(via nasal directa)
Aroma, "bouquet"
OLOR
Boca
Olfato
Sensaciones olfativas
(via retronasal)
Aroma de boca
"Bouquet" interno
GUSTO

Gusto
Sensaciones gustativas
Sabor o gusto própiamente dicho
Persisténcia. Equilibrio


Tacto
Sensaciones químicas
Relación de las mucosas
Astringéncia. Aspereza.
Picor. Irritación


Tacto
Sensaciones táctiles
própiamente dichas
Tacto
Sensaciones térmicas
Consisténcia. Fluidez.
Untuosidad. Cuerpo
Temperatura
CUERPO


Donde radican los placeres reales de probar el vino es en las referencias cruzadas; en la comparación con el recuerdo de otros vinos probados antes.

Los vinos de distinguen unos de otros por su apariencia, su bouquet y sabor, su cuerpo y su balance.

Por su apariencia, se dice que el vino es cargado, cuando resulta espeso y de un color intenso. Se habla de brillante cuando tiene una gran limpidez, muy agradable a la vista.

A traves del olfato se descubre el aroma de las uvas frescas o el complejo bouquet del anejamiento en barricas o en botella, y se puede tratar de identificar la variedad de uva de la que esta hecho.


La Degustación - Consejos y Consideraciones

El material necesario para el ejercicio de la degustación no debe ser necesariamente complicado ni caro. La calificación organoléptica especializada exige condiciones ambientales definidas y constantes que incluso están normalizadas, pero la degustación por afición sólo necesita de un lugar (habitación, bodega, etc.) exento de ruidos y olores, de temperatura entre 18 y 22° C., con un nivel suficiente de iluminación (preferentemente natural), no excesivamente seco y bien aireado.

Para degustaciones normales, en las que el catador opera generalmente de pie, basta con una mesa fácil de limpiar, recubierta de un mantel blanco, unas copas apropiadas, y todo ello colocado en un lugar bien iluminado con luz de día o lámpara de halógeno (que reproduce aproximadamente la blancura del espectro solar), no siendo aconsejable la iluminación de lámparas de filamento y fluorescentes por su efecto de enmascaramiento de los colores.

La copa empleada en la cata tiene gran incidencia en la calidad y cantidad de las sensaciones recibidas, pues su forma y dimensiones influye, modificando la relación o superficie y volumen con el vino, sobre la concentración de los compuestos olorosos en la parte vacía.


El corcho y el descorche

El tapón de corcho tiene la finalidad de establecer una barrera hermética entre el ambiente y el contenido de la botella. 
El corcho es una materia vegetal, de hecho la corteza del alcornoque, y por ende es de porosidad y elasticidad variable. Los distintos grados de porosidad y elasticidad determinan la calidad y precio de la materia prima. 

El bodeguero determina, en función de la calidad del vino y del tiempo que espera que permanezca en la botella, la calidad y el largo del tapón que utilizará. Existen tapones de corcho "natural" y de cocho aglomerado. 

Los naturales son cortados con sacabocados directamente de las plantas de corcho, mientras que los aglomerados son obtenidos moldeando serrín de corcho impregnado con pegamento adecuados. Los aglomerados son más baratos y de inferior calidad. Se los utiliza sólo en los casos en que el vino permanecerá poco tiempo en la botella, y cuando el valor del vino no justifica un tapón de mejor calidad. Es de esperar por lo tanto, que un vino de guarda tenga un tapón más largo, de 45 milímetros o más. 

Para realizar un buen descorche se debe considerar: 

a) Cortar y retirar la parte superior de la cápsula protectora unos 2 cm por debajo del borde superior o se desprende entero. 
b) Se limpia el borde de la botella y el corcho con un pano limpio. 
c) Introducir el vástago del sacacorchos en el centro del tapón y cuidar de no atravesarlo. Si el vástago aparece del otro lado, seguramente hará caer migas de corcho que luego aparecerán en la copa., y se extrae el corcho con suavidad sin girar nunca la botella sino el sacacorchos, volviendo a limpiar el gollete con un pano limpio.
d) Extraer el corcho lentamente y si es muy largo hacerlo en dos etapas (siempre sin ruido). 
e) Observar y oler o dar inspeccionar el tapón. Ya sea por contaminaciones biológicas en la materia prima o por problemas del estacionamiento de las botellas, los tapones en algunos casos desarrollan olores desagradables que pueden aparecer también en el vino. Es el conocido "acorchado". Una buena inspección ocular y olfativa del tapón nos anticipará este problema.

A quienes estan familiarizados con el vino les basta oler el corcho para juzgar el estado de conservacion de la botella, detectando en seguida la eventual presencia de mohos o principio de avinagramiento. Una vez que el catador ha probado y aprobado la primera copa, se sirve a las damas y, finalmente, al dueno de casa.


Muy importante: El ventilado o destape anticipado de los vinos

Es frecuente escuchar que los vinos, y muy especialmente los tintos deben ser destapados con cierta anticipación para que ventilen, un elemento importante es entonces el decantador que nos permite quedarnos con lo mejor del vino, acelerando la desaparición de los aromas a cerrado nacidos en la botella y, en el caso de vinos viejos, permitiendo separar la materia colorante que ha precipitado en la botella.

El vino es una materia en permanente evolución, las reacciones químicas que se producen en su seno generan substancias aromáticas, alguna de ellas agradables y otras desagradables, dependiendo en general del tipo de contenedores en los que se lo deposita, ya que pueden ser inertes (de acero inoxidable u hormigón revestido) o activos (de madera) que permiten un cierto grado de ventilación y la disipación de los malos aromas.

El destape anticipado sólo servirá en los casos en que la contaminación aromática sea muy leve. 

La pequeña superficie del vino en el cuello de la botella representa un área de intercambio demasiado pequeña para permitir que los gases disueltos escapen en un tiempo razonable por lo que a veces es preciso transferir el vino de la botella  una hora  o algo más, antes del servicio.  De todos modos un vino tinto en buen estado de conservación, que  haya tenido un tiempo de botella inferior a los tres años, no debería presentar rastros de reducido y por lo tanto no requiere ventilación alguna.


Para degustar bien es necesario estar descansado, dispuesto y con la mente despejada, todo problema orgánico o psíquico puede afectar tanto a los umbrales de percepción sensorial como a la capacidad de concentración indispensable para la cata.

Se observa igualmente una disminución progresiva de la sensibilidad del gusto con la edad, también son factores negativos el exceso de tabaco (es necesario no fumar en la hora anterior a la degustación) y el abuso del alcohol.

A falta de compañeros, es mejor evidentemente degustar sólo que no hacerlo, en este caso es conveniente anotar detalladamente las sensaciones sugeridas por cada muestra y compararlas con la que evoque la misma muestra degustada algún tiempo después.

El orden de presentación de los vinos debe ser tal que se siga un orden creciente en las sensaciones, de forma que se aprecie una escala progresiva con relación a la persistencia aromática, la riqueza en azúcar, el grado alcohólico y la añada.

En general se degustarán primero los vinos blancos, después los rosados y por último los tintos, todos ellos secos, dejando para último lugar los vinos dulces y empezando siempre por los más jóvenes.

Cuando debamos acompañar la degustación de un vino con comidas debemos considerar que cada plato reclama un vino determinado y viceversa. Tintos con cuerpo necesitan platos vigorosos; los platos delicados, en cambio, precisan vinos más ligeros, sin importar que éstos sean jóvenes o viejos.
Ya que ni el plato ni el vino deben enmascarar a su acompañante.

Los tintos con cuerpo son los de gran constitución tánica y grado originada en largos períodos de convivencia con los hollejos (por ejemplo los buenos cabernets, malbecs, merlots, etc). Los tintos ligeros son los que se han elaborado con una corta maceración con los hollejos.


Reglas prácticas para la prueba y cata de vinos. 

1.        Estar descansado y tranquilo.
2.       Abstenerse de fumar dos horas antes de la degustación.
3.       Prescindir de colonias, perfumes o dentífricos, de aromas y sabores permanentes.
4.       Las horas más idóneas para la cata son las de media mañana hasta la comida y las de media tarde hasta  la cena, aunque es aconsejable hacerlo por la mañana con luz natural.
5.      Es conveniente efectuar las degustaciones con luz del día, la luz artificial tiene que evitarse, y si no hay  otro recurso, que sea blanca (alógena - fluorescente), neón no.
6.     Las condiciones del local deben ser, en lo posible, óptimas. Es decir: soleado, con amplios ventanales,  sin olores extraños, ni ruidos, ni frío ni caluroso, bien aireado y con una temperatura entre 18º y 22º C.
7.    El vino debe haber permanecido, como mínimo, dos o tres días en reposo, evitando agitarlo por un  traslado de última hora.
8.      Se girará siempre el sacacorchos, nunca la botella, en el momento de abrirse, y la cápsula (capucha),    debe cortarse por debajo del cuello y no por el borde superior.

Es evidente que todas y cada una de éstas condiciones serán muy difíciles de cumplir pero la idea es  cumplir la mayor cantidad posible, para una óptima apreciación de las cualidades de un vino y para que la valoración final sea lo más acertada posible.

Primero se observa el vino a la altura de la cintura, para descubrir la pátina. Luego se lo lleva hacia la luz, para verle el alma y el color oculto. Ante todo debemos apreciar el color, con una buena luz. Si el escurrimiento es lento, se está frente a un vino bien estructurado y con buen alcohol. En cambio, si es rápido, es un vino liviano, joven o muy viejo. Si la formación de lágrimas no cesa, se trata de un vino de guarda.

Hay que llevar la copa hacia la nariz, inspirar profundamente y dejar que los aromas inunden los sentidos. La inspiración debe ser profunda, sin reservas, hundiendo la nariz en la boca de la copa. Recordar los tres tipos de aromas. Los primarios provienen de la uva y otros toques frutados. Los secundarios parten del proceso de fermentación, los terciarios son una misteriosa conjunción entre los primeros y el tiempo de crianza. En el bouquet influye el tipo de vasija.

Saborear el vino, sentir cómo es en la boca, con se redondea la experiencia de una cata. Los sabores dulces se sienten en la punta de la lengua, los ácidos en los bordes y los amargos en el final o el retropaladar. Es importante mantener unos segundos el sorbo en la boca, para empapar todas las papilas. Un buen vino envuelve toda la boca en forma armónica y persistente, sin agresiones (aspereza, acidez excesiva, sabor amargo, etc.).



¿Cómo se registran las sensaciones táctiles?

Obviamente hay que comenzar por poner un sorbo de vino en la boca. Una cantidad suficiente como para llenar la boca de manera parcial, pero no tan grande que provoque deseos irrefrenables de tragar, cantidades muy pequeñas serán rápidamente diluidas por la saliva. 
Mediante movimiento de la lengua y los carrillos se trata de lograr que el vino recorra todos los espacios de la boca. 
Las sensaciones de frío o frescura pueden ser aparentes o verdaderas. Las aparentes resultan de la sensación de frescura que producen algunos compuestos tales como los ácidos, mientras que las verdaderas son producidas por la temperatura del vino. La calidez es el resultado de la temperatura elevada o de la presencia excesiva de alcohol. El alcohol produce una sensación ardiente cuando su concentración se eleva. De allí el nombre de aguardiente con que se distingue a las bebidas de alta graduación.

Concluiremos diciendo que el vino es para ser bebido. La erudición o acumulación de conocimientos teóricos no servirá de nada si no los aplicamos a entender y disfrutar más de esta incomparable bebida a través de la experiencia atenta y cuidadosa. Por ello, entrenemos nuestros sentidos y démosle oportunidad de apreciar y cumplir la función de elegir aquello que nos gusta de verdad, no lo que otros nos dicen que es bueno. El mejor vino es aquel que nos gusta, es verdad, pero existen muchos vinos que no hemos probado y que tal vez superen a los conocidos. La única manera de descubrirlos es probarlos.


Nunca se debe beber en soledad. Un buen vino es para compartir: con amigos, con la mujer amada, con la familia. Y para acompañar con las comidas. También es importantísimo saber decir basta. Aprender a tomar y apreciar los sabores. Al vino hay que dejarlo jugar en la boca... Que nos diga si tiene aromas, si es áspero, astringente... no hay cosa más bella que develar los aromas y los gustos de los vinos. Aprender a descubrirlos usando todos nuestros sentidos.

La Degustación - Sentidos Involucrados: El Gusto

El último sentido involucrado en la degustación es a la vez el más importante, ya que percibe los componentes fijos del vino. Las sensaciones percibidas por el degustador al tener el vino en la boca provienen de varios sentidos que actúan a la vez; gusto, tacto y, olfato, este último por efecto retronasal.

El gusto se percibe mediante las papilas gustativas de la lengua, estos órganos detectan cuatro gustos elementales en relación con los cuatro tipos de papilas: las Filiformes solo perciben sensaciones táctiles. Las Fungiformes y las Foliadas perciben preponderantemente el dulce, el ácido y el salado, mientras que las Caliciformes perciben el sabor amargo.

Las papilas tienen diferentes tiempos de reacción, así las que perciben el dulce lo hacen en forma casi instantánea y por 2 ó 3 segundos dominan el campo de atención.  Entre los 5 y los 8 segundos de percepción del gusto dulce da paso al del ácido, el salado y finalmente el amargo. Todo el proceso de transición demora unos 12 segundos, y esto determina el tiempo que el vino debe permanecer en la boca para apreciar el sabor en todo su potencial.




ü       Dulce, Se percibe en la punta de la lengua y por lo tanto es el primer gusto en ser detectado, las sustancias con sabor dulce son elementos de la ligereza, del cuerpo y de la suavidad del vino.

ü       Ácido, Se percibe en los costados de la lengua e incluso por debajo de ella, y se debe a los ácidos orgánicos que se encuentran en su seno, de los que cabe destacar el tartárico, láctico y acético, que trasmiten la sensación de frescor.

ü       Salado, Se percibe sobre todos los bordes de la lengua, el vino contiene de dos a cuatro gramos por litro de sustancias con gusto salado, que participan del sabor del vino y le dán la estructura.

ü       Amargo, Se percibe en la base de la lengua, y su detección aumenta y persiste bastante tiempo después que el vino se ha tragado, su efecto se refuerza con la desaparición del gusto dulce.
La sensación amarga viene acompañada generalmente de astringencia y se percibe mejor en vinos poco ácidos. Las sustancias con sabor amargo pertenencen a la familia de las materias tánicas (piel de la uva); estos elementos le dan su color y en gran medida su sabor. Es de destacar que éstas sustancias evolucionan durante el envejecimiento y transforman los vinos durante su conservación.


Para que un vino sea considerado de calidad es esencial que exista una cierta armonía y equilibrio en los gustos, sin que unos dominen a otros. La intensidad de gustos dulces no debe superar la suma de gustos amargos y ácidos, y la sensación de astringencia.

DULCE = ACIDO + AMARGO

La primera sensación en boca del vino debe ser la equilibrada combinación dulce (el alcohol), ácida (ácido tartárico) y amarga (taninos, ya sean de uva o de roble). Sería increíble la sensación ácida que se percibiría si redujéramos el alcohol del vino.

Las sensaciones táctiles:

Como se ha mencionado la lengua no solamente permite percibir las sensaciones de gusto, pues es también un órgano táctil altamente sensible, y recibe además impresiones de consistencia, temperatura, volumen, untuosidad, astringencia, aspereza, tersura, etc.

La astringencia no es más que el depósito sólido de los taninos de los vinos tintos y las sustancias colorantes. Estos depósitos, es decir las partículas que se han hecho sólidas en contacto con la saliva, dan una sensación de aspereza en la boca.
Los vinos jóvenes presentan una sensación táctil de cierta agresividad (astringencia) que se percibe por la cantidad importante de taninos activos, con el tiempo los taninos se suavizan, y en vinos mas viejos la propia variedad de sabores del genero terciario (nacidos durante la crianza oxidativa (barrica) y reductora (botella) dejan una mayor persistencia en la boca.

La sensación de ardor la provocan los vinos de un grado alcohólico alto, atenuada a veces por el gusto "dulzón" que tiene el propio alcohol. La untuosidad y consistencia dependen en gran medida del proceso de elaboración y conservación.


Consideraciones a la hora de saborear un vino:

Para proceder a sentir el gusto de un vino se recomienda cumplir con ciertas condiciones elementales, como por ejemplo la tranquilidad y concentración del degustador, que el local de degustación reúna condiciones óptimas de iluminación, aireación, aislación, ausencia de olores extraños y temperatura, cercana a los 20ºC.

Al respecto de las copas, éstas deben poseer las siguientes características:

ü       Tener un diámetro de más de 6 cm para que la nariz quepa en ella al beber el vino.
ü       Un delgado espesor que permita a los labios la sensación de percibir mejor.
ü       Una capacidad mínima de 150 cc.
ü       Ser completamente transparentes y con pie a fin de visualizar correctamente el color del vino.
ü       Tener un pie largo y amplio de manera de cogerla sin calentarla con la mano.

Es importante considerar el momento de la degustación ya que el máximo de sensibilidad coincide cuando el degustador tiene mayor apetito, es decir entre las 10 y 13 horas en la mañana y entre las 17 y 19 horas por la tarde. Sin embargo es recomendable efectuar la prueba en la mañana pues en la tarde hay mayor fatiga.

Fatiga:
Además de la fatiga física se produce una fatiga gustativa al probar ciertos gustos desagradables como el sabor amargo y el ácido. La sensación de astringencia también genera fatiga gustativa.

Acostumbramiento:
Por lo general este defecto no es percibido por personas habituadas a beber vinos acetificados.

Efecto del contraste:
Es recomendable seguir un orden de degustación para evitar errores de apreciación, por ejemplo:
Se deben degustar primero vinos de inferior calidad y luego los mejores, tampoco es recomendable servir un vino dulce después de un vino seco, pues parece más dulce.

Sugestión:
Para que el degustador no sea influenciado por impresiones o ideas ajenas a su propia percepción, no se le debe suministrar el mínimo de antecedentes del vino.

Otras condiciones:
Al momento de la degustación, el degustador debe estar en buenas condiciones de salud:
No debe estar resfriado, enfermo de la boca o el estómago, no debe tener problemas que distraigan su atención.  En el caso de degustadores que fumen, estos deben privarse de hacerlo por lo menos una hora antes.

De - Gustando el vino:

Se recomienda tomar un sorbo y deslizarlo con suavidad por la boca, recorriendo cada rincón de ella y dejando que su sabor domine por completo su interior. Si es que se decide tragar, se debe considerar si los olores que el vino en cuestión le había evocado los comprueba ahora en la boca. Si esto ocurre, el olfato del degustador está afinado.

Con un pequeño sorbo es suficiente para apreciar las características gustativas. Será importante también considerar el tiempo de permanencia del gusto, denominado retrogusto, y la intensidad con que lo hace. Un mayor tiempo de permanencia e intensidad indicará que se está en presencia de un gran vino.

Pase la bebida por el paladar, tratando de descubrir la acidez, dulzura, o amargor. Aspire entonces aire, que burbujee a través del vino y expela el aire por la nariz sin abrir la boca.

En su evolución el gusto cubre diversas etapas, en las que las sensaciones van cambiando, llegando a ser cada vez más complejas y susceptibles de análisis. Estas etapas son: el ataque, la evolución, el gusto final y la persistencia, que es muy importante.

1) El ataque: Consiste en introducir el vino en la boca y analizar los gustos básicos, dulce, ácido, salado y amargo.
Las sustancias con sabor ácido pueden estar presentes ya en la uva o pueden producirse en el proceso de fermentación. El ácido acético, también se percibe por el olfato y es el causante del picado del vino; en la boca se reconoce muy bien por su similitud con el vinagre. El gusto salado lo proporcionan diversas sales (sulfatos, cloruros) procedentes de la tierra y de los ácidos metabolizados de la uva. Los polifenoles y taninos aportan el sabor amargo y son los responsables del color y de la astringencia del vino.

2) La evolución: Es el estudio de las sensaciones gustativas de orígen primario, el aroma de boca. Estudio de la potencia en alcohol, el cuerpo del vino, el tanino y su intensidad, la calidad y naturaleza o procedencia de los aromas de orígen secundario.

3) El gusto final y la persistencia: Es la percepción de los sabores adquiridos en bodega, que pueden ser de oxidación o de reducción, los aromas terciarios; accidentales, debidos a gustos de la tierra o posteriores y no achacables a la elaboración ni conservación por el productor.
Cuando tragamos el vino la sensación que permanece en la boca dura unos segundos, es lo que llamamos la persistencia; impregna toda la boca y se debe valorar positivamente, si es prolongada y agradable, y penalizarla si el sabor final deja un mal recuerdo.

Después de entrar en boca, el vino libera ciertos aromas debido al aumento de temperatura del alcohol debido al calor de la cavidad bucal y, por consiguiente, se van apreciando sus propiedades táctiles (taninos, acidez, dulzor), pero a la vez va disminuyendo su potencia aromática.

Al aspirar un poco de aire y al agitar el vino dentro de la boca, hacemos evaporar un nuevo lote de moléculas que se introducen por las fosas nasales en sentido contrario (retronasal), activadas por la oxidación provocada por la entrada de aire y dando, consiguientemente, una sensación de cierto redondeo de los taninos.

Describiendo el gusto de un vino:

Tanto el sabor como el aroma del vino se suelen conceptualizar en distintas áreas y con términos preestablecidos, así:

Un vino se puede calificar como acido, si es astringente como una manzana verde. Por el contrario se dice que es avinagrado o acetico, cuando se ha echado a perder.

Un vino será aspero cuando sea rudo, cuando se agarre a la lengua, y astringente o duro cuando contiene un exceso de tanino que se agarre a las encias.

Se habla de un vino descarnado cuando es pobre en alcohol, en cambio, se dice que es generoso cuando lo contiene en buena dosis. Un vino vinoso es rico en alcohol, con caracter firme y olor y sabor intensos.

Un vino carnoso será un vino con mucha presencia en boca, con cuerpo, concentración y densidad. El vino parece que se expande y llena la boca, dando sensaciones de peso y plenitud.

Un vino delgado será aquel con poco cuerpo,estrecho, con escasa estructura y que pasa en boca, en el peor de los casos, como si estuviera aguado, con enorme fluidez.

Se habla de un vino afrutado cuando su aroma y sabor recuerda al de las uvas u otras frutas. Esto ocurre sobre todo en los vinos jovenes, ya que con el anejamiento tiende a desaparecer lo afrutado. Un vino floral recuerda el aroma de las flores, principlamente rosas y violetas.

Un vino franco es inconfundible, proporciona al paladar sensaciones precisas, con aroma definido, claro, sin interferencias.

En relación al Cuerpo, se afirma que un vino es aterciopelado cuando tiene poco acido, es rico en glicerina y acaricia el paladar suavemente. El volumen que se aprecia se debe a la glicerina (sensación oleosa, viscosa) que será más rica cuanto mayor sea la graduación alcoholica.

Se habla de que es graso cuando tiene un alto contenido de glicerina, que lo hace untuoso, y de que es pastoso, cuando su extracto es seco pero a la vez de rico en glicerina.

Un vino con cuerpo es sustancioso, definido, al contrario de un vino ligero, pobre en alcohol y en extracto. El vino delgado es demasiado ligero, enteramente sin cuerpo.

Un vino carnoso es de buena constitucion, pero no necesariamente de buen cuerpo.

El vino neutro es indefinido, sin ninguna personalidad.

Los vinos blandos no tienen caracter, no perduran en el paladar, son breves. Un vino basto es duro, carece de suavidad, no es sutil. Un vino denso, ademas, carece de distincion.

El vino joven es el de cierta edad que se conserva vigoroso, afrutado. El vino tierno es ligero, fresco; el verde es de vendimias no maduras, con acidez anormal. El vino crudo es el que no tiene madurez, que ha abortado en su desarrollo.

Un vino equilibrado es aquel en el que todos sus elementos se ponen de acuerdo: el alcohol, la acidez, el azucar y el extracto estan en armonia. En cambio al desdequilibrado le fallan ciertos componentes, no tienen armonia.

Un vino redondo es muy equilibrado y agradable al paladar, rico en alcohol, suficiente en glicerina y acidez.


El vino pleno es rico en alcohol, equilibrado y, ademas, maduro. Los vinos completos son vinos logrados, armonicos, al igual que los de buen paladar.

La Degustación - Sentidos Involucrados: El Olfato

El olfato es el más importante de los sentidos que intervienen en la degustación de los alimentos; aproximadamente el 75% de todas las sensaciones que vulgarmente llamamos "gusto" son en realidad mezclas de sabor y aromas, (recordar como influye en la percepción del gusto el hecho de estar resfriados). 

Por otra parte el olfato es muchas veces más sensible que el gusto, y en particular el humano es capaz de distinguir hasta 10.000 aromas diferentes. 

Dado que un aroma no se puede describir, para referirnos a él debemos referenciarlo con algo de olor conocido y fácilmente identificable.

Así decimos que algo huele a rosas o a manzanas, etc. También el olfato, tiene un poder evocador muy grande; un olor a pasto recién cortado o a pan fresco, es suficiente para crearnos una sensación emocional intensa. Un olor que nos resulta familiar y agradable nos tranquiliza, mientras que un olor desagradable o desconocido nos pone tensos y alertas.

A efectos de poner un poco de orden en el vocabulario a emplear para designar a los aromas, los técnicos establecieron una clasificación en series, y dentro de estas series palabras que definen los aromas que aparecen en el vino.

Entre las series caben mencionar: Animal, Balsámico, De Madera, Especiado, Floral, Fruta y Vegetal.

La serie Animal corresponde a los olores almizclados, a carne, a cuero, etc.  los Balsámicos son los olores resinosos (alcanfor, mentol, etc.).
La serie de Maderas está referida a la evolución de los taninos del vino o bien a los transferidos por las barricas de roble. Los vinos hechos a partir de ciertas variedades nobles muy complejas, o los grandes vinos con añejamiento suelen presentar notas que incluimos entre las Especiadas. Los frutales, Florales y Vegetales no requieren explicaciones y se los encuentra casi exclusivamente en los vinos jóvenes.

El órgano sensorial se encuentra al fondo de las fosas nasales y recibe sólo una parte de las sustancias odorantes, por lo que ciertas consideraciones son importantes para favorecer la apreciación olfativa por parte del bebedor. 
También se perciben los aromas por VIA RETRONASAL que es la percepción de aromas mediante la comunicación interior boca-nariz.




Consideraciones a la hora de usar el olfato en la degustación:

La copa jamás deberá llenarse más allá de los dos tercios para dejar espacio a los vapores aromáticos desprendidos por el vino, y posteriormente permitir apreciar su fragancia. El efecto se verá favorecido mediante la agitación circular de la copa.

Un vino tinto debe beberse entre los 16 y los 18 grados; los blancos son más expresivos entre 8 y 10 grados y los rosados sobre los 12 grados, la importancia de respetar la temperatura de servicio radica en que  si servimos el vino más frío, la cantidad de aromas es menor, ya que las moléculas aromáticas no se volatilizan a baja temperatura. Y si ésta es excesivamente alta, el alcohol se evapora rápidamente y los efluvios etílicos agreden la boca y el olfato.

Quince minutos en la heladera hacen maravillas para revivir los vinos tintos que han sufrido el calor; los tintos ligeros y frutales, como los vinos del año, son deliciosos cuando se sirven fríos, entre los 12ºC y los 14ºC.  Un tinto a 24 grados necesita nueve minutos sumergido en agua y hielo para alcanzar los 17-18° de servicio. Y un blanco debe servirse frío manteniéndolo en un cubilete con agua y hielo.

Considérese que un vino viejo (más de cinco años en botella) revela mejor sus aromas si lo descorchamos de una a dos horas antes de consumirlo. Al abrir la botella los aromas están cerrados y pueden aparecer falsos aromas producidos por tantos años encerrado en la botella o, en el caso de los vinos jóvenes, debido a un embotellado precoz, pueden existir aromas secundarios originados por la fermentación.

Así los aromas a cuero o agua estancada que pueden presentarse en los vinos viejos desaparecen o quedan muy mitigados tras un tiempo de espera; el descorche temprano elimina cierta acidez dejando escapar acetato de etilo, un éster muy volátil que da a los sentidos una sensación de acidez. A veces, una ligera oxidación permite limar ligeramente los taninos responsables de cierto amargor y astringencia.

También es una buena práctica retirar el corcho del sacacorchos y oler la cara interior para detectar posibles alteraciones aromáticas.


"Oliendo" el vino:

En primer lugar se realiza una breve olfacción con la copa quieta, realizando una inspiración profunda de la atmósfera situada inmediatamente sobre el vino. Los olores percibidos serán leves pues se reciben las moléculas odorantes más difusibles. Es lo que se conoce como PRIMER GOLPE DE NARIZ. Si en ese primer momento aparece un aroma desagradable, es posible que estemos detectando un defecto del vino.

Luego se hace girar la copa, (SEGUNDO GOLPE DE NARIZ) para que el líquido aumente su contacto con el oxígeno e intensificar la evaporación, liberando muchas sustancias aromáticas que hasta entonces estaban “tapadas”. Esta operación puede repetirse las veces que sea necesaria, hasta tener en claro el perfil aromático del vino degustado.

Dentro de los aromas, están los primarios que provienen del aroma original del cepaje y se revelan más con recuerdos a flores y a frutas; son aromas ligeros que se volatilizan rápido. Las cepas tendrán aromas propios que cuando son distinguibles se les denominará como varietales y cuando estos sean neutrales se hablará de vinosos.

Si removemos la copa aparecen también los aromas secundarios relacionados con el producto de la fermentación (madera, bosque, hojarasca, levaduras) que son más densos y que están en el fondo de la copa.

El bouquet se corresponde con los terciarios, relacionados con la crianza (tostados, vainilla, avellana, café, tabaco) presentes en vinos viejos aparecen con el envejecimiento del vino en barricas de madera,  adquieren así aromas más evolucionados y de mayor complejidad. Los factores que influyen en el bouquet son varios, los más importantes son el tipo de barrica en el cual fue envejecido, los años de guarda, el proceso de vinificación, etc.

En ocasiones se utiliza la palabra Bouquet para referirse a la totalidad de los aromas del vino.

AROMAS
Primario:
Proviene de los racimos, tienen carácter afrutado.

Secundario:
Proviene de las fermentaciones. Carácter vinoso.
BOUQUET
(Aroma terciario)
De oxidación:
Tipos de vinos envejecidos en contacto con el aire. Se entiende el aire que pasa a traves de los poros de la barrica de madera de conservación.

De reducción:
Tipos de vinos envejecidos sin entrar en contacto con el aire (bouquet de maduración de los vinos conservados en barricas y bouquet de los vinos conservados en botellas).


Describiendo AROMATICAMENTE a un vino:

Ejemplos de descriptores mas utilizados:

Flores:                  Violetas, rosas, acacias.

Frutos secos:         Higo, ciruela, nuez, almendra tostada.

Frutos frescos:        Limón, frambuesa, grosella, fresa, cereza, manzana.

Hierbas:                 Heno, menta, tomillo, tabaco, pino.

Confitería:               Vainilla, anís, regaliz.

Especias:                 Pimienta, laurel, canela, trufa.

Olores animales:      Cuero, pieles.

Una de las principales características de un gran vino es su capacidad de mostrar complejidad en aromas, diversidad de familias de aromas, de forma superpuesta en el tiempo, evolucionando en la copa una vez descorchado.

Podemos describir algunas situaciones que pueden presentarse al servir un vino y que éste no despliegue su potencial aromático:

En el caso de un vino joven, pude deberse a que le "falta botella" y por tanto los aromas terciarios o bouquet, en este caso los de reducción, todavía no se han desarrollado plenamente.

En el caso de vinos ya con cierta crianza, puede deberse a que, después de haber estado cerrado en la botella, al vino le cuesta expresarse. Solución: si el vino no es muy viejo, la aireación en la copa, el tiempo, resolverá el tema. En algunos casos, cierta oxigenación puede ser aconsejable (usando un decantador).

Por último, el peor de los casos es cuando, independientemente de la edad, sencillamente el vino no tiene nada que decir, esto es síntoma de que el vino, evidentemente, no es un buen vino.


Decimos que el vino esta cerrado cuando nos refirimos a su nariz, al olfato, a sus aromas, que serán pocos en diversidad y cantidad.

La Degustación - Sentidos Involucrados: La Vista

Como se dijo antes, degustar un vino es analizarlo, estudiarlo, describirlo, saberlo apreciar, disfrutar de sus cualidades y de las sensaciones que produce; involucrando sentidos básicos como la vista, el olfato, el gusto. y ciertas sensaciones táctiles, buscando la identificación de sus cualidades y defectos, para realizar una calificación del producto.

La Vista:

Es el primer sentido que participa en la degustación y que incide en la primera apreciación que se tendrá del vino. Por ello es necesario que las botellas y copas estén limpias, bien visibles, sin objetos que las cubran ni otras decoraciones, bien iluminadas y contra un fondo plano y claro.

La observación del vino es muy importante para dictaminar el estado del mismo. El aspecto nos adelanta algunos de sus atributos.

El examen del color y la transparencia permite conocer gracias al color y al matiz, la edad del vino o el procedimiento de elaboración. La intensidad anunciará lo que será la estructura, el volumen y su sabor final en la boca.


El vino deberá estar siempre claro, jamás turbio o brumoso. La intensidad colorante de un vino permitirá prejuzgar su cuerpo, y su edad.




Para analizar el color de un vino es necesario observarlo sobre fondo blanco, en lo posible con una fuente de luz adecuada cerca. Inclinando la copa unos 45 grados, podemos observar reflejos del color en el borde del líquido, llamado menisco.

Los blancos suelen tener el mismo color en toda la superficie, pero los tintos tienen el menisco más claro. 

En el caso de los vinos tintos el color se va perdiendo gradualmente con la edad, cuando jóvenes poseen un color rojo-violeta, luego tornan a rubí y cuando tienen varios años alcanzan un color terracota.

Los reflejos azulados granates o violáceos son pues indicios de juventud, lo mismo si el vino se ve muy fluido y con ligera espuma al agitarlo, o si es luminoso y brillante, todo esto está íntimamente relacionado con su mayor acidez.

Si el vino es algo más claro con un borde parecido al color del ladrillo o teja, es una señal de vejez, de un vino añejo. Los pigmentos oscuros (antocianos) se sustituyen por los pigmentos marrones (los taninos) que dejan en la boca una sensación más suave y menos amarga.

A su vez si se ve denso y "espeso" con lágrimas en las paredes de la copa, es un indicio de que tiene más glicerina y, por lo tanto, más alcohol.

Por otro lado, los vinos blancos también varían desde casi descoloridos, a un verde pálido para finalizar en un amarillo intenso. Tonos castaños en un vino blanco indican que se ha maderizado y se ha oxidado en exceso.

Luego de determinar el análisis de color e intensidad, se recomienda imprimir a la copa un movimiento giratorio suave y observar cómo el vino se adhiere al cristal y luego escurre volviendo a su posición de reposo.


Es lo que se conoce como examen de las lágrimas o piernas: el número de éstas, su tamaño, la rapidez de formación y deslizamiento, nos darán el contenido en glicerina, alcohol y azúcar. 
El volver al reposo lentamente y dejando los bordes marcados, indica un vino bien estructurado y con buen alcohol. Si no se marcan los bordes, se trata de un vino ligero y seco, liviano, joven (o muy, muy viejo).
Si la formación de lágrimas no cesa, se trata de un vino de guarda.

El grosor y número de estrías indican aproximadamente la graduación alcohólica del vino: si las estrías son gruesas y separadas, su tenor alcohólico es mayor que cuando son finas y delgadas.

Tres descripciones que no deben faltar a la hora de definir desde lo visual un vino son color, intensidad  y aspecto

Aquí van algunos ejemplos, y algunos "tips" para considerar a la hora de practicar en la degustacion de vinos.
Observando el vino:

1) Verificar la limpidez mirando el vino delante de una fuente de luz.

2) Sobre fondo blanco en la mesa, apreciar el grado de transparencia, deslizando una imagen, un objeto o un dedo entre el vaso y el fondo.

3) Notar la intensidad del color y si es viva o apagada.

4) Identificar la coloración recurriendo a analogías: cereza, grosella...tirando más o menos hacia el marrón, etc . Recordar la importancia y la significación de los colores violetas sobre el estado de capacidad de conservación de los vinos. Subrayarlos cuando existan.

5) Aspirar rápidamente y verificar si la intensidad global de los aromas está en relación con la de color.

Ayudas -descriptores- para describir visualmente:

En cuanto a los colores:

Blancos:
Incoloro - Amarillo pálido - Amarillo verdoso - Amarillo limón - Pajizo - Amarillento - Topacio - Oro pálido - Oro verde - Oro viejo - Dorado - Hojas secas - Agua de castañas - Maderizado - Pardo - Ambar - Cobrizo - Pardusco - Caoba - Caramelo 

Rosados:
Champagne - Rosado - Clarete - Rosa violeta - Rosa peonia - Rosa cereza - Rosa frambuesa - Rosa carmín - Rosa anaranjado - Salmón - Piel de cebolla

Tintos:
Rojo claro - Rojo oscuro - Rojizo - Rojo violeta - Rojo amapola - Rojo cereza - Rojo grosella - Rojo sangre - Rojo ladrillo - Rojo marrón - Carmín - Rubí - Granate Bermellón - Púrpura - Violeta - Violáceo - Azul - Negro - Teja - Ojo de perdiz - Ocre - Café - Pajizo

En cuanto a la Intensidad y al Aspecto:

Brillante - Cristalino - Límpido - Limpio - Fangoso - Quebrado - Tosco - Sospechoso - Mate - Nebuloso - Opaco - Sucio - Turbio - Velado


Ejemplos de aplicación:

Claro o Cristalino: No contiene nada suspendido ni precipitado. Al ser atravesado por la luz parece brillar. Normalmente sucede en vinos jóvenes.

Ligeramente turbio: Contiene algún precipitado que se aprecia con facilidad.

Turbio: Contiene material precipitado en cantidad considerable.

Mate: El color es apagado y sin brillo sucede muchas veces con vinos con muchos años de guarda.


La Degustación - Fases y sentidos

El gusto del vino y la mayor o menor satisfacción que este le depara al consumidor, como todas las cosas, son totalmente subjetivos. Por ello, el ritual que comienza quitándole el corcho a una botella de vino y continúa con su degustación, es un acto individual.

Si bien existen reglas claras que se deben seguir para degustar un vino, al ser el acto de degustar igual al de "gustar", la manera de "gustarlo" es propia de cada uno, de acuerdo a lo que se estime más placentero.

Una de las mayores dificultades de la degustación se encuentra en el hecho de lograr la identificación y adecuada descripción de estímulos olfativos y/o degustativos.
Describir el gusto de un vino es algo sumamente complejo, tanto como describir el gusto del tomate, o el del café.

La degustación requiere pues de una serie de facultades sensoriales y sobre todo, atención; este último factor es básico, ya que es el que diferencia el consumo de la degustación.

Sólo la constante prueba de vinos, y el almacenamiento de sus distintos matices en nuestra memoria, permitirán conocerlos. Un buen ejercicio para comenzar a degustar vinos consiste en poner atención a las sensaciones que nos provocan los productos que bebemos o comemos a diario.

Las fases de la degustación son básicamente tres:

ü       Excitación o Estimulación: consiste en recibir los estímulos sobre los sentidos, los colores, aromas y gustos, que son recogidos por las terminales nerviosas y trasmitidos al cerebro, que ordena, analiza y compara éstos estímulos y sensaciones.

ü       Comparación o Identificación: en base a testimonios que se recuerdan y siempre con un patrón de similares características, los estímulos son identificados solamente si se tiene un conocimiento previo de ellos, de lo contrario no habrá reconocimiento.

ü       Juicio: Consiste en describir, con términos adecuados, el producto y las sensaciones que produce. Es un ejercicio eminentemente subjetivo.

Lo invitamos a iniciarse en la degustación paso a paso del vino y, si Ud. ya es un conocedor, a repetir esta técnica que tanto tiene de rito para los que saben disfrutar de las cosas buenas de la vida.

En una cata vertical se catan a la vez distintas añadas del mismo vino, mientras que en una cata horizontal en cambio, se catan vinos de la misma añada que habitualmente son además de la misma zona o variedad de uva.