jueves, 18 de junio de 2015

Buenas Bebidas

El vino es la bebida más antigua de la que se tenga conocimiento; y las razones de su éxito, el lograr mantenerse durante siglos como sinónimo del buen vivir, se deben sin dudas, a que el vino es una bebida totalmente natural y sana, y que, en su justa medida, favorece ciertas funciones del organismo humano.

El vino no es una bebida como cualquier otra, ya que por su naturaleza orgánica se encuentra permanentemente en evolución.

Por ello, no es lo mismo tomar un vino de cuatro años de cosecha, que de dos años de cosecha, por más que se trate del mismo producto. La diferencia de sabor va a estar dada por la evolución del vino en el tiempo.





Estos párrafos pretenden ser una breve guía con algunos consejos, simples y útiles, para el manejo, tratamiento y degustación del vino. 

En principio existen dos tipos de bebidas alcohólicas: las fermentadas y las destiladas.

La fermentación es un proceso que ocurre naturalmente al entrar en contacto un líquido azucarado con una levadura. Esta última transforma el azúcar en alcohol y dióxido de carbono.

Las principales bebidas fermentadas son el vino y la cerveza, ambas de baja graduación alcohólica.

A su vez hay cuatro tipos de vinos principales obtenidos todos de fermentos de uva: 
  • vinos de mesa, 
  • vinos espumosos, 
  • vinos fortificados y 
  • vinos aromatizados.

Hecha a base del fermento de malta de cebada, nace la cerveza, existiendo en diversas partes del mundo otras bebidas alcohólicas a partir del fermento de otras plantas, son ejemplo de ello el sake, hecho en Japón a partir del arroz, y el pulque, elaborado en México a partir del agave.

Por otro lado hay dos clases de bebidas destiladas: los aguardientes y los licores. Los aguardientes son alcoholes secos, cuyo contenido de azúcar está por debajo del 2%. En las bebidas destiladas, el alcohol se extrae de un fermento, lo que produce bebidas de alto contenido alcohólico.

El cognac, por ejemplo, se elabora a partir de alcohol que se extrae del fermento de la uva o vino. El whisky escocés es el alcohol que se extrae del fermento de la cebada o cerveza, pero sin lúpulo. Al igual que el vino, ambos son añejados luego en barricas de roble.


Los licores, en cambio, son bebidas dulces, no secas, pues en su elaboración se agrega una considerable cantidad de azúcar al alcohol, usualmente del orden de 35%, a los que se han dado sabores diversos mediante segundas destilaciones o la adición de extractos.

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